miércoles, 13 de diciembre de 2017

Beato Conrado de Ofida. Diciembre, día 13




Santos Franciscanos para cada día
Fray Giulano Ferrini OFM
Fr. José Guillermo Ramírez OFM
Edizioni Porciuncula
1ª edición julio 2000

Reimpresión 2001

Diciembre, día 13:
Beato Conrado de Ofida.
Sacerdote de la Primera Orden (1241‑1306).
Pío VII concedió en su honor oficio y misa, el 21 de abril de 1817.

Conrado nació en Ofida, en la provincia de Ascoli Piceno, en las Marcas, en 1241 y de sólo 14 años vistió el hábito franciscano de los Hermanos Menores. Comenzados los estudios en el convento de Ascoli los abandonó casi de inmediato prefiriendo entregarse a los oficios humildes de la casa, a pesar de sus notables cualidades intelectuales. Fue enviado al convento de Forano, donde permaneció diez años junto con el también beato Pedro de Treia.

Hay abundantes y documentados episodios que marcaron su vida en este período: una vez mientras estaba en oración en el bosque adyacente al pequeño convento, al ver venir en su contra un lobo perseguido por perros y cazadores, lo tomó bajo su protección, transformándolo en un manso animal que después hizo la guardia del convento.

Dada su vida ejemplar, el Ministro general de los Hermanos Menores, Padre Jerónimo de Ascoli, lo destinó a La Verna. Más tarde, los superiores le ordenaron continuar los estudios para el sacerdocio, con específico destino al ministerio de la palabra, en el cual sobresalió en forma sorprendente por la eficacia y los frutos espirituales. En 1294 obtuvo del papa San Celestino V permiso para pasar algún tiempo entre sus ermitaños celestinos. Durante estos años tuvo relaciones epistolares esporádicas con Pedro Juan Olivi, el reformador franciscano sospechoso de errores heréticos en sus escritos sobre la cuestión de la pobreza evangélica. Las relaciones de Fray Conrado con él se limitaron sin embargo a los deberes de la fraternidad. Cuando Bonifacio VIII suprimió la congregación de los celestinos, Conrado retornó al convento franciscano.

Vivió en la pobreza, en la oración, en la penitencia y en el apostolado. En más de cincuenta años de vida religiosa llevó un solo hábito y nunca usó sandalias.

Fue gran predicador, llevó la palabra de Dios a las grandes ciudades, y a los pequeños poblados. Las conversiones se multiplicaron. Después de largos años de vida austera y rígida, Conrado fue llamado por Dios a recibir la recompensa eterna. La muerte lo alcanzó en Bastia, cerca de Asís, mientras predicaba una misión al pueblo con gran fervor, el 12 de diciembre de 1306, a la edad de 65 años. Su cuerpo fue llevado en 1320 a la iglesia de San Francisco de Perusa, y actualmente reposa en el adyacente oratorio de San Bernardino.

San Conrado de Parzham, San Felix de Cantalicio, San Francisco Maria de Camporosso, Beato Bernardo de Offida
National Shrine of Our Lady of Lourdes, N.S.Amoranto Avenue(Retiro Extension), Quezon City
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fecha: 12 de diciembre
fecha en el calendario anterior: 14 de diciembre
n.: 1237 - †: 1306 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Pío VII 1817
hagiografía: Frate Francesco

En el territorio de Bastia, cercano a Asís, en Umbría, beato Conrado de Offida, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, el cual amó y buscó la humildad y la primitiva pobreza de la Orden.


La pintoresca ciudad de Offida, conocida por sus murallas almenadas, en la región italiana de las Marcas, a la distancia de cuatro siglos fue la cuna de dos ilustres franciscanos: el beato Conrado y el beato Bernardo. Conrado nació hacia el año 1241. A los 15 años ingresó en la orden de los Menores fundada por san Francisco de Asís. Su vida terrena tiene mucho en común con el gran Antonio de Padua, quien, procedente de Lisboa, se despojó de su ciencia por amor a la humildad y la pobreza.

Tras haber comenzado los estudios en el convento de Áscoli, Conrado renunció a continuarlos, a pesar de sus cualidades intelectuales, prefiriendo dedicarse a los trabajos más humildes. Fue cocinero, limosnero, portero. Amaba la obediencia, robando tiempo al sueño para dedicarse a la oración. Lo enviaron al convento de Forano, donde convivió diez años con el beato Pedro de Treia. De este periodo se cuenta la anécdota de un lobo perseguido por perros y cazadores, al que el beato Conrado protegió y amansó. Por su vida ejemplar, el ministro general fray Jerónimo de Áscoli lo destinó a la ermita del boscoso monte de la Verna, el "calvario" de san Francisco,

A donde quiera que iba se ponía a disposición de los superiores para cualquier trabajo, aunque prefería los lugares sugestivos y apropiados para la contemplación. Pero la orden no lo necesitaba sólo para fregar cacharros. Al final le ordenaron completar los estudios para ordenarse sacerdote y dedicarse al ministerio de la predicación. A pesar de la sorprendente e inesperada eficacia de su apostolado, nunca se dejó llevar por el orgullo ni por la vanagloria. Más bien seguía considerándose el menos preparado, el más retrasado y menos ingenioso de los hijos de san Francisco.

En 1294 obtuvo del papa san Celestino V permiso para pasar algún tiempo entre los ermitaños celestinos. Durante estos años mantuvo también relación epistolar con el líder "espiritual" Pedro Juan Olieu, el reformador franciscano sospechoso de errores heréticos en sus escritos sobre la cuestión de la pobreza evangélica. Sus relaciones con él se limitaron, sin embargo, a los deberes de la fraternidad. Cuando Bonifacio VIII suprimió la congregación de los celestinos, Conrado regresó a la orden franciscana. Una antigua inscripción en el tugurio de Rivotorto, cuna de la orden franciscana, recuerda que allí vivió algún tiempo, retirado en completa soledad.

En más de cincuenta años llevó un solo hábito, y nunca usó sandalias. En sus correrías apostólicas predicaba la palabra de Dios por pueblos, ciudades y aldeas, suscitando numerosas conversiones. Tras muchos años de penitencia y gran austeridad, la muerte lo sorprendió en 1306 en Ísola Romanesca, actual Bastía Umbra, en la llanura de Asís. Catorce años después, sus restos fueron robados por el ejército de Perugia. Desde entonces reposan en el oratorio de San Bernardino. Pío VII aprobó su culto en 1817.

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