lunes, 11 de diciembre de 2017

Beato Hugolino Magalotti. Diciembre, día 11



Beato Hugolino Magalotti († 1373)
(Liturgia de las Horas. Laudes y Vísperas de la Familia Franciscana)


El beato Hugolino Magalotti nace en Camerino (Macerata. Italia). Distribuye sus bienes entre los pobres e ingresa en la Orden Franciscana Seglar. Adopta una vida aislada para dedicarse por entero a la oración y meditación de la vida de Jesucristo. Como es habitual en la espiritualidad eremítica, su vida es de extrema penitencia. Habita en las faldas del Monte Ragnolo, no lejos de las fuentes del río Tenna. Más tarde lo abandona, porque la gente acude para recibir su consejo y favor, impidiéndole permanecer en oración constante. Se va a vivir a la cima del monte Ragnolo. En su nuevo retiro, Hugolino intensifica la vida de penitencia y de íntima unión con Dios. Asistido por algunos devotos y un sacerdote del vecino monasterio de Riosacro, entrega su alma a Dios el 11 de diciembre de 1373. El papa Pío IX aprueba su culto el 4 de diciembre de 1856.

Oración. Dios nuestro, tú ves que somos débiles y desfallecemos; por el ejemplo del beato Hugolino, afianzanos misericordiosamente en tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.


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BEATO HUGOLINO MAGALOTTI.
Nació en Camerino, provincia de Macerata (Marcas, Italia), a principios del siglo XIV, de la noble familia de los Magalotti. Su madre murió a raíz del parto y su padre cuando él tenía 13 años. Desde niño fue desarrollando una intensa vida cristiana y, a la edad de 20 años, vendió los cuantiosos bienes que había heredado y los distribuyó a los pobres, ingresó en la Tercera Orden de San Francisco y se retiró a las grutas del monte Ragnolo, cerca de Fiegni (Macerata), donde vivió el resto de sus días como ermitaño, entregado a la oración y la penitencia. Se cuenta que sufrió espectaculares tentaciones y que realizó milagros. La gente de los alrededores, convencida de su santidad, acudía a él para pedirle consejo y consuelo, para conocerlo y encomendarse a sus oraciones. Murió el 11 de diciembre de 1373. (Año Cristiano, Tomo XII, Biblioteca de Autores Cristianos. BAC. 2006)




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Ermitaño de la Tercera Orden



Santos Franciscanos para cada día

Fray Giulano Ferrini OFM
Fr. José Guillermo Ramírez OFM

Edizioni Porciuncula

1ª edición julio 2000
Reimpresión 2001





Diciembre día 11



Beato Hugolino Magalotti

Ermitaño de la Tercera Orden (1373)

Aprobó su culto: Pío IX, el 4 de octubre de 1856





Hugolino Magalotti nació en Camerino, en las Marcas, de noble y antigua familia. Pronto quedó huérfano de madre y no mucho después también de padre.

Todavía joven se mostró inclinado a la piedad y a la lectura de los libros santos. Habiéndose integrado a la Orden Franciscana Seglar, distribuyó entre los pobres todas sus pertenencias y se retiró a la vida eremítica. Su vida fue probada por violentas tentaciones y apariciones monstruosas y su nombre se hizo famoso por los prodigios, de modo que muchas veces tuvo que cambiar de eremitorio para esconderse del continuo ir y venir de los curiosos.

De tanto en tanto solía ir al vecino monasterio de Riosacro para recibir los sacramentos. Su lecho habitual era una tabla desnuda, sobre la cual tomaba el descanso.

El primer eremitorio de Hugolino fue en las faldas del Monte Ragnolo, no lejos de las fuentes del río Tenna. Lo debió abandonar porque gente de toda condición, especialmente enfermos del alma y del cuerpo iban a él para escuchar su palabra inspirada, para encomendarse a sus oraciones, para pedir ayuda en sus necesidades. Los prodigios hicieron célebre y venerado su nombre desde los primeros años de su vida eremítica. Pedro de Brunfort, tullido desde su infancia, con mucho trabajo logró llegarse a sus pies, él lo bendijo y lo curó inmediatamente. Una pobre mujer, asaltada por dolores agudos y por convulsiones, estaba en peligro de muerte. Fue llevada a donde el ermitaño, quien oró y la paciente se vio libre de todo sufrimiento.

Hugolino decidió cambiar de vivienda para evitar también allí nuevas peregrinaciones. Pasó la cima del monte Ragnolo, bajó hacia la parte opuesta y se estableció en una localidad rodeada de rocas y de añosas hayas en las cercanías de Fiegni. En su nuevo retiro Hugolino intensificó la vida de penitencia y de íntima unión con Dios. También allí sufrió nuevos asaltos de parte del demonio, que una noche intentó sacarlo fuera de su eremitorio. Nuevas peregrinaciones de devotos acudían a él para obtener alivio en sus necesidades espirituales y materiales. Son célebres dos prodigios realizados por él en el nuevo eremitorio. Con la oración hizo brotar del monte una fuente de agua limpia que todavía hoy es utilizada por sus devotos.

Consumido por las abstinencias y por las penitencias, bajo el peso de los años, Hugolino sintió que estaba por llegar su última hora. Se preparó a la venida de la hermana muerte recibiendo devotamente los santos sacramentos. Amorosamente asistido por algunos devotos y un sacerdote del vecino monasterio de Riosacro, acostado sobre la desnuda tabla que por tantos años le había servido de lecho, entregó su alma a Dios. Era el 11 de diciembre de 1373. La constante veneración tributada a sus reliquias y los milagros que hicieron glorioso su sepulcro, movieron al papa Pío IX a aprobar su culto el 4 de diciembre de 1856.

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Beato Hugolino Magalotti, OFS

(h. 1320-1373)




Fiesta: 11 de diciembre.

Reconocimiento del culto litúrgico: Pío IX, el 4 de octubre de 1856
Nacimiento: Fiegni (Macerata, Italia), hacia 1320
Muerte: Fiegni (Macerata, Italia), 11 de diciembre de 1373
Orden: De la Penitencia - Orden Franciscana Seglar

        
Este anacoreta de los montes Sibilinos, nació en Fiegni, cerca de Fiastra, en la provincia italiana de Macerata, hacia el año 1320. Su padre, Magalotto III, descendía de la noble familia de los Magalotti, que fueron señores de cuatro feudos pasados al municipio de Camerino: Appennino, Poggio, Cerreto y Fiastra. A la familia le quedaba como residencia el castillo de Fiegni, que fue donde creció y se educó el beato Hugolino, huérfano de madre desde el momento del parto. Gracias a su sólida formación espiritual pudo superar otra dura prueba: la muerte de su padre cuando tenía apenas 13 años. A partir de entonces se dedicó al estudio y meditación de las Escrituras, y fue madurando en él la idea de seguir el consejo evangélico: «Ve, vende lo que tienes, dalo a los pobres y sígueme». Cumplidos los 20 años, vendió todas las propiedades heredadas de sus padres, y se retiró a hacer vida de ermitaño.

La primera ermita del beato Hugolino fue la de san Liberado, fundada, según la tradición, por san Francisco de Asís en la ladera del monte Ragnolo, no lejos de las fuentes del río Tenna. Algunos creen que había profesado la regla de los frailes menores, pero lo más probable es que se consagrara como penitente de la orden franciscana seglar. De vez en cuando se acercaba al monasterio benedictino de Ríosacro, a recibir los sacramentos. Pero tuvo que abandonar el lugar, ya que acudía a él mucha gente de toda condición, en busca de ayuda y consuelo material y espiritual. Con su oración curó a un cierto Pedro de Brunfort, tullido de nacimiento e incapacitado para andar; devolvió la vista a un tal Antonio, que había perdido un ojo cortando leña; liberó a una pobre mujer asaltada por dolores agudos y por convulsiones; y curó a algunos endemoniados.

Para evitar nuevas peregrinaciones de devotos se mudó al otro lado del monte Ragnolo, a un lugar rodeado de rocas y hayas, cerca de Fiegni. Aquí permanecerá Hugolino hasta el final de sus días, dedicado a la oración y la meditación en íntima unión con Dios, domando los instintos de su cuerpo con ayunos y abstinencias. Se alimentaba con el poco pan que recibía de limosna, con hierbas y raíces, y bebía de una fuente que, según la tradición, hizo brotar él mismo. Su lecho era una tabla desnuda. En la soledad de la cueva sufrió tentaciones y tuvo visiones alucinantes, apariciones diabólicas que le impedían el sueño y le quitaban el apetito, pero siempre salió vencedor en las pruebas. Nuevas peregrinaciones de devotos empezaron a acudir en su busca, y se cuentan nuevos prodigios obrados por su intercesión.

El beato Ugolino Malagotti vivió como ermitaño unos 30 años, hasta que, cargado de años y consumido por los ayunos y las mortificaciones, murió en su cueva el 11 de diciembre de 1373, asistido por algunos de sus devotos y por un monje sacerdote de Ríosacro. Su cuerpo fue llevado al castillo de Fiegni, donde había nacido, y lo sepultaron en la antigua iglesia abandonada de San Juan Bautista, que pasó a denominarse de los Santos Juan y Hugolino. Hoy es conocida como Santuario del Beato Hugolino. Cerca de la fuente donde el beato se retiraba a orar edificaron, ya en la actualidad, una capillita dedicada a él. El papa Pío IX aprobó el culto litúrgico el 4 de octubre de 1856.



1 comentario:

  1. Lunes, 11 de diciembre de 2017


    Pues sí, es verdad, el Señor me ayudó a comprender cuando no podía por la salud estar en un monasterio de vida contemplativa, también como franciscano se puede ser contemplativo. Aunque hubo varias personas consagradas que querían quitarme el pensamiento de consagrarme al Señor. Pudiera ser que ellos no hayan podido ser fieles a su vocación religiosa, pero el Señor siempre nos ayuda a superar cualquier adversidad.
    Siempre quise vivir retirado del mundo, y muchos franciscanos, que tampoco les faltaron dificultades, terribles adversidades, soportando incomprensiones, persecuciones por su amor a Cristo, llevándolo todo con paciencia, serenidad, porque las cosas de este mundo pasa, pero quien permanece con cristo siempre permanece fortalecido en la fe y caridad.

    Son muchos los cristianos que renunciaron ciertas responsabilidades en distintitos cargos para mantener siempre la fe y la caridad. Estoy pensando también, en San Antonio de Padua, y me pregunto, ¿hubo alguna vez que alguien le proponía para ser obispo? No lo sé. Pero en su humildad, como San Pedro de Alcántara y otros muchos, que no buscaban honores en este mundo, sino que quisieron vivir con la única preocupación de estar con Cristo, y rezar por todas las almas.

    Y hoy también, en esta breve vida de Beato Hugolino Magalotti, siendo muy joven, con veinte años, lo vendió todo y se entregó a la vida del Evangelio.
    Con 27 años, ya sentí la llamada del Señor. ¡cuántos años perdidos, malgastados en mi vida. Sí, porque la tibieza no es un camino de salvación. Pero así, como el Señor se compadece de todos, también se compadeció de mí, porque era claramente merecedor de los tormentos más terribles en el infierno, pero es que la tibieza es un anticipo del infierno. La bondad del Señor me libró de esas cadenas que tira a los tormentos eternos y olvidados de Dios.

    Para mí también es la mejor parte, ser franciscano de la Orden Tercera y la contemplación, ser contemplativo, estar siempre con el Señor.

    Huir de la gente para estar con Cristo no está bien visto, pero es el problema que tiene, porque los Santos con sus palabras y ejemplos, no se relacionaba con el mundo, lo habían aprendido del Señor, para una vocación contemplativa.

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