lunes, 2 de abril de 2018

«Decid a mis hermanos que vayan a Galilea» (Mt 28,1-15

Los soldados que custodiaban el Sepulcro, también en parte fueron testigos de la resurrección de Cristo, pero estaban tan atado a sus propios pecados, que no se permitieron abrir su corazón a la conversión, y perseveraron en la malicia del pecado, y el amor al dinero.

 Es también una desgracia que el ciertos cristianos se dejan someter en la esclavitud del mundo. El alma no familiarizada con la oración y la obediencia plena a Dios, la muerte puede sorprenderles en asuntos que ofenden al Señor y al momento es juzgado. 

Cuando leemos los pasajes de la Sagrada Biblia, y cristianos somos cuando estamos atentos a la Lectio divina, comprender paso a paso los versículos de la Palabra de Dios, que los Santos Padres nos lo explican, con la sabiduría que recibían del Espíritu Santo.



Jesús ha resucitado (Mt 28,1-10)

1 Pasado el sábado, al alborear el día siguiente, marcharon María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. 2 Y de pronto se produjo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendió del cielo, se acercó, removió la piedra y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como de un relámpago, y su vestidura blanca como la nieve. 4 Los guardias temblaron de miedo ante Él y se quedaron como muertos. 5 El ángel tomó la palabra y les dijo a las mujeres:
—Vosotras no tengáis miedo; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. 6 No está aquí, porque ha resucitado como había dicho. Venid a ver el sitio donde estaba puesto. 7 Marchad enseguida y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos; irá delante de vosotros a Galilea: allí le veréis. Mirad que os lo he dicho.
8 Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y una gran alegría, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. 9 De pronto Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron. 10 Entonces Jesús les dijo:
—No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán.

«La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio Pascual al mismo tiempo que la Cruz» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 638). Dos notas lo configuran. En primer lugar, es «un acontecimiento a la vez históricamente atestiguado por los discípulos que se encontraron realmente con el Resucitado, y misteriosamente trascendente en cuanto entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios» (ibidem, n. 656). En segundo lugar, el hecho tiene una singular importancia para nosotros, los hombres, pues «Cristo, “el primogénito de entre los muertos” (Col 1,18), es el principio de nuestra propia resurrección, ya desde ahora por la justificación de nuestra alma, más tarde por la vivificación de nuestro cuerpo» (ibidem, n. 658).
Los evangelios coinciden en que las primeras apariciones de Jesús Resucitado no fueron a los discípulos, sino a «las santas mujeres», cuyo amor más desinteresado y generoso, más fiel y recio que el de los varones, parece haber sido premiado de un modo muy delicado. En el ambiente judaico de la época se concedía poco valor al testimonio jurídico de las mujeres: quizás por eso San Pablo no las menciona en su resumen catequético de 1 Co 15,1-9. La circunstancia de que se les atribuya tanta relevancia en los cuatro evangelios apunta en primer lugar a la realidad histórica del hecho, pero muestra también la predilección de Dios por las almas sencillas, generosas y humildes.
Hay pequeñas diferencias entre los sinópticos. Frente a la frescura y espontaneidad de Marcos, y frente al gusto de Lucas por los detalles, Mateo es algo hierático, catequético y solemne; prescinde de detalles secundarios. Las señales con las que describe el anuncio de la resurrección (vv. 2-4) indican también la magnitud del hecho; como la muerte de Jesús (27,51-54), la resurrección es un acontecimiento extraordinario: es lógico que el cielo y la tierra lo proclamen. «Éste es el día en que actuó el Señor, día totalmente distinto de aquellos otros establecidos desde el comienzo de los siglos y que son medidos por el paso del tiempo. Este día es el principio de una nueva creación, porque, como dice el profeta, en este día Dios ha creado un cielo nuevo y una tierra nueva. (...) En este día es creado el verdadero hombre, aquel que fue hecho a imagen y semejanza de Dios. (...) Pero aún no hemos hablado del mayor de los privilegios de este día de gracia: lo más importante de este día es que Él destruyó el dolor de la muerte y dio a luz al primogénito de entre los muertos. (...) ¡Oh mensaje lleno de felicidad y de hermosura! El que por nosotros se hizo hombre semejante a nosotros, siendo el Unigénito del Padre, quiere convertirnos en sus hermanos y, al llevar su humanidad al Padre, arrastra tras de sí a todos los que ahora son ya de su raza» (S. Gregorio de Nisa, In Christi Resurrectione oratio 1).

San Mateo, 28,11-15 y notas:
Soborno a los soldados

11 Mientras ellas se iban, algunos guardias fueron a la ciudad y comunicaron a los príncipes de los sacerdotes todo lo sucedido. 12 Se reunieron con los ancianos, se pusieron de acuerdo y dieron una buena suma de dinero a los soldados diciéndoles:
13 Tenéis que decir: "Sus discípulos han venido de noche y lo robaron mientras nosotros estábamos dormidos". 14 Y en el caso de que esto llegue a oídos del procurador, nosotros le calmaremos y nos encargaremos de vuestra seguridad.
15 Ellos aceptaron el dinero y actuaron según las instrucciones recibidas. Así se divulgó este rumor entre los judíos hasta el día de hoy.

·        Las señales con las que el evangelista describe el anuncio de la resurrección indican también la magnitud del hecho: "La fe en la Resurrección tiene por objeto un acontecimiento a la vez históricamente atestiguado por los discípulos que se encontraron realmente con el Resucitado, y misteriosamente trascendente en cuanto entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios" (CCE 656). Además, este hecho tiene una singular importancia para la vida de los hombres pues "Cristo, el primogénito de entre los muertos, es el principio de nuestra propia resurrección, ya desde ahora por la justificación de nuestra alma, más tarde por la vivificación de nuestro cuerpo" (CCE 658).
·        La verdadera resurrección de Cristo la presenta el evangelista incluso con la prueba contraria: la de quienes difundieron la calumnia del robo del cadáver: "¿Qué has dicho, oh astucia siniestra?... ¿Presentáis testigos dormidos?  Verdaderamente dormiste tú que, inventando tales patrañas, desfalleciste" (San Agustín, Enarr. in Ps. 63,15). (Sagrada Biblia, Nuevo Testamento, Eunsa)
Sagrada Biblia Didajé:

Mt 28,10: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán »
·        Esta es la primera vez en la que Cristo se refiere a los discípulos como a hermanos suyos que indica la relación filial de los fieles como hijos adoptivos de Dios Padre. La redención merece la gracia santificante con que compartimos la vida divina y podemos, en consecuencia, convertirnos en hijos de Dios, junto a esta buena nueva viene la invitación a no temer porque Él ha vencido el pecado y a la muerte de una vez por todas [#641, #645, #654].
Si nosotros también frecuentamos las visitas al Santísimo, que nos dedicamos a la oración, que vamos con devoción todos los domingos y días festivos a la Santa Misa, y en otros momentos entre semana, cuando hay fiesta religiosa, somos hermanos de Jesús, Él nos reconoce, nos hacemos familiar a Él, porque, sobre todo, guardamos nuestro corazón, nuestros pensamientos, evitando toda sombra de maldad, de iniquidad. Cuando confesamos con cierta frecuencia acercándonos al sacramento de la confesión, en el confesionario, como debe ser. EL confesionario en un lugar para que seamos humildes y mansos de corazón.

San Mateo, 28,11-15: Sobornan a los soldados. Respecto a los milagros acontecidos a la muerte de Cristo, unos fueron comunes para todo el orbe, y otros limitados, a los que estaban allí presentes. Por ejemplo, para toda la tierra fueron las tinieblas; limitado, la aparición del Ángel y el terremoto. Apenas, pues, se presentaron los soldados y contaron lo sucedido –¡cómo brilla la verdad proclamada por sus mismos enemigos! –, los sumos sacerdotes le dieron dinero para que dijeran “que vinieron sus discípulos y lo robaron” (San Juan Crisóstomo, Hom. Sobre el Evangelio de San Mateo 90,1) (La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia, Nuevo Testamento 1b. Ed. Ciudad Nueva)

La malicia de muchos cristianos, entre ellos, algunos que se consagran a Dios pero no están en comunión con Cristo, pues viven según el mundo, como si Dios no existiera. No quieren vivir conforme a la Voluntad de Dios, y no aceptaron la realidad de la Resurrección de Cristo Jesús. Terrible es la dureza del corazón, da miedo, porque se acepta más la corrupción, los sobornos, que la verdadera libertad que Jesús nos ofrece, y la Santa Madre Iglesia Católica.   
Como pueden decir “estábamos dormidos pero los discípulos lo robaron”, ¿no detuvieron a los discípulos que se llevaban el Cuerpo de Cristo?, se contradicen ellos mismos, por lo que le dijeron aquellos sacerdotes. ¿Qué cosas enseñan los sacerdotes? ¿a mentir y combatir contra la verdad? ¿No está sucediendo algo parecido hoy día?

¿Qué clase de sacerdotes eran que instigan a que se diga mentira, cuando uno de los mandamientos de Dios nos prohíbe las mentiras y los falsos testimonios? Quien es de Dios no sabe mentir, siempre dice la verdad, y no sabe deformar la verdad para intereses humanos.
Nuestro modelo a imitar es a Jesús y a María Santísima, es lo que hicieron y hacen las almas piadosas, sin relación con las cosas terrenales que les separan del amor de Dios.


San Juan Crisóstomo continúa enseñándonos:

·        La Compra de una mentira ¿Cómo lo robaron, oh, los más insensatos de los hombres? ¡Es tan esplendida y patente la verdad, que no saben ni inventar su superchería! Y cierto que es bien absurdo lo que dicen y no tienen ni la buena apariencia de una mentira.
·        Porque ¿cómo decís que lo pudieron robar sus discípulos, hombres pobres y sencillos, que no tenían valor ni de presentarse en la calle? ¿Acaso no estaba puesto el sello? ¿No había allí tanta guardia, soldados y judíos? ¿No sospechaban precisamente el robo del cadáver, y por eso estaban preocupados los sumos sacerdotes, vigilaban y andaba solícito?
·        Decid que ellos robaron su cuerpo. ¿Y por qué lo habían de robar? ¡Para inventar, sin duda, la doctrina de la resurrección! Y ¿cómo habrían removido la piedra tan bien asegurada? ¿Cómo habrían burlado a tantos guardias? A la verdad, aún cuando hubieran sido capaces de despreciar la muerte, no se habrían arriesgado sin razón ni motivo a tal empresa y a la vista de tanta guardia.
·        Pero que en realidad eran unos cobardes, bien patente lo mostraron en todo lo anteriormente sucedido. Les bastó ver preso a su Maestro para que todos emprendieran la fuga. Si, pues, entonces, aun viéndolo vivo, no tuvieron valor para mantenerse firmes, ¿cómo no iban a temer, muerto ya, a tanta muchedumbre de soldados? ¿Es que se trataba sólo de mover una puerta? ¿Es que había que burlar la vigilancia de uno solo? Era una gran piedra sobre la entrada del sepulcro, y hubieran necesitado muchos brazos. (Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, 90,1).         

  • · nosotros le calmaremos y nos encargaremos de vuestra seguridad. (Mt 28,14)
·        Si esto llega a oídos del Gobernador. Con razón, pues dijeron aquellos sumos sacerdotes: «Y será el postrer embuste peor que el primero» (Mt 26,64). Con lo que daban sentencia contra si mismos, pues debiendo hacer penitencia después de tamaña locura, se esfuerzan por añadir pecados a pecados, inventando fábulas ridículas. En vida se compraron la Sangre de Cristo; después de crucificarlo y que resucitase, nuevamente quieren por dinero enterrar la verdad de la Resurrección. (Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, 90,1).


·        Os evitaremos problemas. Entre otros crímenes los judíos sobornan a los suyos, engañan con otros males mucho peores, ponen precio a los pecados, pagan y compensan con dinero los delitos, encubren con crímenes lo que traman con un homicidio. Así, compran a Judas, el traidor de su propio Señor y compensan con dinero la Sangre del Redentor del mundo. Tratan de impedir la fe al ver el sepulcro vacío, para negar la resurrección comerciando con unas monedas el delito de unos criminales. Dieron abundante dinero a los soldados para que confirmaran: «Decid: “sus discípulos vinieron de noche y lo robaron mientras nosotros estábamos dormidos”. Y si esto llega a oídos del procurador, nosotros lo persuadiremos y nos encargaremos de vuestra seguridad». Ellos aceptaron el dinero y actuaron según las instrucciones recibidas y divulgaron este rumor entre los judíos hasta el día de hoy. «Entre Judíos»; nunca entre los cristianos. Judíos, lo que vosotros escondíais en Judea con oro, también brilló y esclareció en Judea y en todo el mundo con la fe. Los discípulos recibieron a Cristo, no lo robaron; vosotros comprasteis con alevosía, pero no hurtasteis la verdad. Judíos, Cristo resucitó, mientras vosotros perdisteis el dinero. (San Pedro Crisólogo, Sermones, 76,4).


«Se divulgó el rumor» (Mt 28,15)

·        Tomaron el dinero. Los guardias reconocen el milagro, vuelven a toda prisa a la ciudad, anuncian a los sumos sacerdotes lo que habían visto, los hechos que han presenciado. Pero ello, que deberían haberse convertido y buscar a Jesús resucitado, perseveran en su malicia, y emplean el dinero que había sido dado para uso del templo, para comprar una mentira. Del mismo modo antes habían dado treinta monedas de plata a Judas, el traidor. Todos los que emplean para otros fines, para satisfacer sus propios deseos, las contribuciones del templo y lo que se les trae para las necesidades de la Iglesia, se parecen a los escribas y sacerdotes que compran la mentira y la Sangre del Salvador. (San Jerónimo, Comentario al Evangelio de San Mateo, 4,28,14)


·        Hasta este día. Pero mirad, os ruego, como son descubiertos en lo mismo que hacen. Porque, si no hubieran acudido a Pilato ni le hubieran pedido la guardia habrían podido inventar mejor su engaño; pero ahora ya no. Y es que lo hacía todo como si ellos mismos tuvieran interés en coserse la boca. Porque si los discípulos de Cristo no fueron capaces de velar a pesar de todos sus reproches, ¿cómo iban a atreverse a cargar con su cadáver? Y ¿como no lo robaron antes, sino que esperaron a que llegarais vosotros? Porque, de haber tenido semejante plan, lo hubieran ejecutado en la primera noche, cuando no había guardia apostada y la empresa se presentaba segura y sin peligro. Porque fue el sábado cuando acudieron a Pilato y pedirle la guardia, y la primera noche no hubo nadie junto al sepulcro. (San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, 90,1).

* * * * * 


Nuestra seguridad no la podemos poner en nada de este mundo. Únicamente el cristiano, sabe muy bien que es en el Señor que debe confiar, nunca en los poderes de este mundo, cuántas almas se pierden cuando confían en el dinero, en los poderes mundanos, que se esfuerza por todos los medios amordazar, silenciar la verdad de Dios que habla en la Iglesia Católica. Pero seguiremos orando por todos, para que al menos el orante, siempre viva esa paz espiritual que solo Dios la puede conceder mediante el Hijo de Dios. 

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